Analistas: La apertura de Ørsted a las turbinas chinas hace sonar la alarma para el sector eólico europeo
June 29, 2026

Ørsted, el líder mundial danés en energía eólica marina, ha suavizado su postura sobre el abastecimiento de turbinas eólicas chinas y ha manifestado repetidamente su apertura a la idea, atrayendo una atención generalizada en toda la industria eólica europea. Múltiples analistas de la industria sostienen que este cambio es mucho más que una simple consideración de adquisiciones: sirve como una llamada de atención para el sector de fabricación de turbinas eólicas nacionales en dificultades en Europa.

Como el desarrollador eólico más destacado de Europa, la estrategia de compra de equipos de Ørsted es ampliamente vista como un referente de la industria. En enero, los medios daneses obtuvieron un documento de revisión interna de la compañía que revelaba que estaba evaluando la viabilidad de implementar turbinas chinas ya en 2029. Durante las apariciones públicas en mayo y junio, el director ejecutivo de Ørsted nunca descartó por completo la posibilidad. Solo afirmó que no había planes inmediatos para comprar hardware chino, al tiempo que confirmó que la empresa seguiría de cerca la tecnología de turbinas chinas y los desarrollos del mercado.

La raíz del cambio de postura de Ørsted radica en la creciente competitividad integral de las turbinas eólicas chinas, una visión compartida por los principales analistas de la industria. Endri Lico, analista principal de Wood Mackenzie, señala que los promotores eólicos europeos recurren cada vez más a los fabricantes de equipos originales (OEM) chinos. Los fabricantes chinos de turbinas cuentan con importantes ventajas gracias a cadenas de suministro nacionales plenamente desarrolladas, una amplia capacidad de producción y beneficios temporales impulsados ​​por el exceso de capacidad. Sus productos tienen costos de fabricación sustancialmente más bajos y calendarios de entrega mucho más rápidos en comparación con sus homólogos occidentales. Además, las empresas chinas iteran la tecnología de turbinas de alta capacidad a un ritmo más rápido y lideran las clasificaciones de potencia unitaria, lo que permite que los proyectos en el extranjero reduzcan costos y aumenten la eficiencia en todos los ámbitos.

Sin embargo, Ørsted sigue siendo cauteloso y reacio a cerrar cualquier acuerdo de adquisición directamente. Per Hansen, economista de inversiones de la firma financiera nórdica Nordnet, explica que esta cautela se debe a la estructura de propiedad única de la empresa y a los imperativos de gestión de riesgos. Ørsted, propiedad mayoritaria del Estado danés, no es una empresa puramente comercial y sus decisiones deben equilibrar la rentabilidad, los empleos manufactureros nacionales y las políticas energéticas regionales. La mayoría de sus proyectos emblemáticos están ubicados en toda Europa, lo que requiere que la empresa mantenga asociaciones con cadenas de suministro locales. Además, como actor energético respaldado por el Estado, debe mantenerse alejado de la reacción pública y los riesgos políticos que podrían surgir de decisiones apresuradas de abastecimiento, limitando su evaluación comercial a límites prudentes.

Según Per Hansen, la postura abierta de Ørsted conlleva importantes implicaciones de referencia para todo el sector. Subraya que si el líder de la industria europea sigue adelante con los pedidos de turbinas chinas, enviaría una poderosa señal: la competitividad de los equipos eólicos nacionales de Europa está en constante declive. China está erosionando rápidamente el dominio de larga data de Europa en tecnología y fabricación eólica, debilitando la influencia global del continente en la fabricación eólica de alta gama. Las condiciones competitivas desiguales en los mercados internacionales agravan la presión sobre los fabricantes occidentales, que durante mucho tiempo han lidiado con limitaciones de costos y capacidad.

Los observadores de la industria también sugieren que la retórica más suave de Ørsted contiene un motivo de negociación estratégica: presionar a los proveedores europeos de turbinas para que mejoren la calidad de los productos y reduzcan los precios. En última instancia, la medida apunta a obligar a la cadena de suministro interna de Europa a acelerar la reducción de costos y reconstruir su ventaja competitiva.

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